En honor a la fecha que pasamos (el Día de la Amistad), creo necesario redactar unos párrafos en relación a esto, sobre todo porque por causalidad apareció en mis redes sociales un recuerdo de un escrito de Alejandro Dolina respecto de la misma. ¡Y qué justo! ¡Y qué bueno!
Este último tiempo pude reconfirmar algo que siempre percibí y defendí: que la amistad es la que nos salva el alma, que es esa familia elegida la que en muchas ocasiones nos sostiene cuando sentimos que las fuerzas se nos escapan. Qué importante es tener ese cómplice (en el barrio, el club, la escuela, el trabajo) que pueda devolvernos esa mirada, ese abrazo o ese gesto de compañía, de aguante y de reflexión. Esas personas que funcionan como una válvula de alivio en el día a día, esas amistades que nos dicen lo que necesitamos escuchar (lo sepamos o no).
Dolina, en relación a esto, hace una lectura de cómo están los tiempos modernos, y en su libro Crónicas del Ángel Gris expresa:
Según parece, el sentimiento amistoso se halla en decadencia. Todos los días
uno tropieza con canallas que, lejos de preocuparse por la escasez de amigos, se
jactan de ella.
—Yo, amigos, lo que se dice amigos, tengo muy pocos, o ninguno —nos gritan en
la cara. Y no advierte que el sujeto está esperando que lo feliciten por
semejante hazaña.
Yo, en lo personal, creo que la sociedad cada vez más nos invita a mirarnos el ombligo, pensar en nosotros mismos, descartar cualquier idea ajena y autosustentarnos. Claramente, es una forma sencilla, tranquila e insípida de vivir, ¿no?
Los amigos vienen a salvarnos. Son esos vínculos que permanecen pese a lo imbéciles que podemos llegar a ser. Son esos que te dicen que le estás pifiando sin suavizar nada; son esa red que te ataja cuando se te corta la soga en la que estás haciendo equilibrio. Y, por tanto, son tan necesarios, que aquellos que tienen amigos, y que saben ser amigos, son dueños del tesoro más grande y del secreto mejor guardado de la sociedad.
Solo las almas buenas tienen amigos. Los villanos tienen cómplices o esbirros. Los jefes, empleados. Y los políticos, aduladores. Solo los buenos tienen la fortuna de contar con el amor incondicional de un amigo.
Dentro de lo escrito por Dolina, él asegura que los amigos solo se logran en la niñez o adolescencia, y que, a posteriori, solo queda encontrar compañeros de trabajo o intentos de amistades familiares. Yo acá disiento: creo que, así como el amor, la amistad puede aparecer o florecer en cualquier momento, cuando dos almas conectan. Que las aventuras aún hoy se pueden vivir, y las anécdotas, crear. Simplemente hay que estar abierto a eso.
Hace muy poco tiempo viví en carne propia y muy de cerca lo que significa que los amigos te salven. Los reencuentros y la contención de esos que, como dice Borges, no necesitan de la “asiduidad” para sostenerse.
Porque al final del día, no hay red más fuerte que un abrazo de amigo.
Por eso, hoy más que nunca: abrazos, vasos y besos a los que leen, y sobre todo, a mis amigos

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