Buenas tardes y bienvenidos, a quien quiera que sea, a este nuevo-viejo espacio, donde la idea —por ahora— es volcar ideas y escritos que he tenido guardados de manera analógica (sí, mi cabeza funciona así… serán los años).
Hechas las presentaciones, procedo a explicar el título colocado como burda forma de introducción. De un tiempo a esta parte, se vienen suscitando en mi vida ciertos cambios —la mayoría por fuera de mi control y (a verse) deseo— que me han empujado a rearmarme y reconstruirme, con cierto grado de nostalgia, hacia una versión nueva pero vieja de mí mismo (no se me pierdan, que escribo raro, pero intentaré explicarme).
No se me escapa que, como dijo Heráclito, un hombre no se baña dos veces en el mismo río, ya que cuando uno vuelve, ese río ya no es el mismo por la corriente; y que ese hombre, por consecuencia de las experiencias, tampoco ha de ser el mismo. Pero cuando uno se percibe tan lejos de su propio ser —por estos cambios que ese río que es la vida nos transmite—, a veces no queda otra opción que intentar volver y reconectar con aquello que nos trajo, en un principio, al río.
Y bueno, por lo antes mencionado, es que me encuentro tecleando torpemente en este espacio. Hubo una época más simple en mi vida, donde la guitarra, el dibujo y la escritura eran suficiente motivo para ser feliz. Hoy la felicidad ha alcanzado nuevas escalas, pero también la infelicidad lo ha hecho. Por tanto, el que suscribe se ha dado a la tarea de volver al río, con la esperanza de encontrarse ahí, bañándose, campante y distraído.
Ojalá me salga, y ojalá me acompañen.
Abrazos, vasos y be
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