Icaro y la felicidad... o cómo desplomarse con una sonrisa

Tercera entrada del blog, y siento que debo agradecerle tanto a mi compañera de trabajo, de cuyas charlas surgen los temas de este espacio. ¡Jajajaja! Hola mundo, nuevamente. Hoy tengo ganas de escribir y exponer un nuevo tema que surgió charlando con mi compañera de trabajo: felicidad, tristeza, miedos y niveles (¡hay niveles, bro!). En dicha conversación (ya ni recuerdo de qué hablábamos), propuse la idea de que a veces tenemos miedo de exponernos y nos quedamos en los sitios o espacios conocidos (llámese amor, trabajo o vida). Ese miedo está muy justificado, ya que alcanzar ciertos niveles de felicidad o satisfacción conlleva el riesgo de una caída desde mucha más altura, como en la “Fábula de Ícaro”. Por si no la recuerdan, la fábula cuenta que Ícaro estaba preso junto a su padre, Dédalo, por orden del rey Minos. El Sr. Dédalo inventa unas alas hechas de plumas y cera para que puedan escapar. Es entonces cuando advierte a su joven hijo que tenga cuidado al volar, ya que si se acercaba demasiado al sol, las alas se derretirían. Obvio es —para todo aquel que haya convivido con algún joven— el desenlace de esto, ¿no? El pibe hizo lo que quiso y terminó precipitándose al vacío. Ahora lo que me gustaría plantear es… ¿qué tan maravillosa habrá sido la vista justo antes de que terminara el vuelo? A veces, los riesgos (por más que terminen mal) nos traen satisfacciones, aprendizajes o incluso nuevos niveles de felicidad. Ojo: no estoy invitando a tomar riesgos innecesarios ni a jugarse la cabeza por gustos banales, pero tampoco es bueno desaprovechar oportunidades por temor. Solo quien se anima a volar alto logra vivenciar ciertas experiencias… y sí, el riesgo es la caída: fuerte y desde muy alto. Pero ¿y si sobrevivimos a la caída? Llevamos con nosotros el recuerdo y el conocimiento de lo que fuimos capaces de alcanzar. Las experiencias más ricas a veces son las que más duelen. Llegar alto implica un gran esfuerzo y conlleva un gran riesgo, pero solo así se vive realmente… Bueno, espero haber sido medianamente claro con mis ideas. Nos vemos pronto con algún otro delirio laboral y reflexión frágil de lógica. Abrazos, vasos y besos.

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