Buenas, buenas, buenas… el otro día (que podría haber sido entre ayer y hace dos vidas atrás), conversando con mi compañera de trabajo, surge el tema de “el jefe nos quiere” y mi respuesta más natural (producto de los años y la desidia que esta vida te va pegando) fue: “no podemos depender del cariño”. La respuesta épica de mi compañera fue: “💔💔💔 no me lo digas tan así”. Carcajada de por medio, continué argumentando (como si alguien me lo hubiese pedido, ¿no? Jajaja): “creo que nos quiere, pero lo importante es que nos respeten por cómo hacemos el trabajo”.
Luego vino a mi cabeza lo que Nicolás Maquiavelo plasmó en su obra El
Príncipe, donde dice: “…si es imposible ser ambas cosas (amado y temido),
es más seguro ser temido, porque el amor es efímero y los hombres tienden a
ofender a aquellos que les aman”.
Digo yo: ¿el camino de todo amor es ser ofendido en algún momento? ¿Por qué mi
amigo Maquiavelo no jugó la variable respeto en esta dicotomía? ¿Puede ser
suficiente ser respetado? ¿Por qué hago tantas preguntas en mi cabeza mientras
debería estar trabajando? Jajaja.
Pensando un poco en los gobernantes y en las parejas, encontraba que ser idóneo en tu desempeño debería ser suficiente para ser respetado, y en tal caso, sería la forma de perpetuar relaciones, ¿no? ¡El respeto que hoy es tan fácil de quitar y de perder! Respeto que se debe ganar y sostener también.
Pero bueno, insistimos en buscar el amor y enamorarnos, en la química y las mariposas, que nos hacen enloquecer y perdernos, y sobre todo, repetir patrones, ¿no? Lacan hablaba de ese brillo en la nariz, ese detalle que nos engancha como un anzuelo y que la mayoría de las veces no detectamos, no entendemos, pero decimos: “él/ella tiene un algo, no sé qué, que me engancha”. Alejandro Dolina decía: “si ponés en fila todas las minas que me han gustado, vas a ver que en algo se parecen”. Y sí… repetimos, repetimos buscando algo que tal vez debamos encontrar en nosotros primero, para luego de repetir gustos no repitamos destinos, ¿no?
Y bueno, creo que es necesario poder plantarnos en la cancha con los deberes hechos, la lección aprendida, y poder darnos el lugar no por amor ni por temor, sino por respeto. Y en todo caso, que el amor esté mediado primero por el propio, el temor por quien cuida algo valioso y el respeto ganado por lo demostrado.
Espero no haber mezclado demasiado y que nos veamos pronto, gente.
Abrazos, vasos y besos.
Comentarios
Publicar un comentario