Tristeza y Soledad, calamaro te fallé

 



"Buscaba una canción y me perdí
en un montón de palabras gastadas.
No hago otra cosa que pensar en ti,
y no se me ocurre nada."

Qué complejo es cuando uno siente la necesidad de escribir, como para sacar, en un arrebato, cosas de su interior, y a la vez no hay un hilo conductor, una idea central o una organización general para la escritura.

Encima uno peca de ser poco lector, poco culto y poco en general, jajaja, pero igual necesita volcar en palabras algo de lo que pasa por la cabeza, aunque las musas pasen de largo. Como dijo una amiga alguna vez: las musas se fueron de vacaciones.

Y puede que vaya por ahí: las vacaciones de invierno que, al parecer, el pensamiento también se tomó. Sin avisar, y dejándome con una licuadora de palabras en la cabeza.

Vengo de tener un fin de semana de naturaleza, conexión y soledad. Y acompañando esa idea de que "la tristeza es madre del pensamiento", creo que la soledad, como consejera, va en el vagón de atrás. Qué importantes son los momentos de soledad y detención para poder construir y crear, para razonar y planificar.

Tristeza, soledad y detención… No hacer cuando no se sabe qué hacer. Parar la pelota y levantar la cabeza.

Sabina canta
de la soledad como esa amante inoportuna… y me parece que es el lugar que debería tener: el de una amante, ocasional, divertida, elegida. Esa salida de la rutina que ayuda a descomprimir y relajar, que te recuerda un poco quién sos en medio del caos automático.

Mi gran problema y pensamiento últimamente es cuando esa soledad se convierte en tu pareja: te acompaña en todo —decisiones, salidas, planes, proyecciones—. Cuando te acostumbrás y te comprometés con ella, y ya no es una opción dejarla… hasta que la muerte los separe, ¿no?

Y bueno, el pensamiento boyaba entre el temor y la defensa de estar acostumbrado y comprometido con la soledad: ese lugar cómodo que cuesta soltar cuando ya te acurrucaste en él. ¿Vale la pena arriesgar? ¿Ceder? ¿Perder? Cuando la soledad se presenta como una droga, disponible siempre, y que no te exige nada…

Será cuestión de cruzarse con alguien que nos haga engañar a la soledad…

Bueno, más o menos eso fue lo que se terminó de armar mientras escribía. Como siempre, espero ser medianamente claro con lo que se cruza por esta cabeza.

Abrazos, vasos y besos.

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