¡Buenas y no tan santas, gente!
Acá volvemos un poco por necesidad, otro poco por inspiración y otro tanto porque una amiga me consultó el domingo: “¿No has vuelto a escribir, o no me lo has pasado para leer?”. Jajajaja. Y ante ese hermoso reclamo, ¿cómo no volver a teclear, no?
Hoy, mientras terminaba de arreglar el inodoro del baño —odisea que comenzó como un simple cambio de tapón de descarga y terminó en soldar la loza que se partió en el proceso—, me encontré tres días sin agua. Lo que, obviamente, derivó en una casa con platos sucios y baños tomados en duchas prestadas (como un pequeño desperfecto puede desembocar en un proceso largo y transformador ¿no?).
Pensaba en la satisfacción que me dio, al fin, terminar ese arreglo; volver a tener un baño funcional y, por supuesto, poder bañarme y lavar los platos. Pero el pensamiento no se detuvo ahí… Obvio que no, si no ¿quién sería yo? ¿Qué pasaría en el universo si mi cabeza se detuviese en A=B, no? Jajajaja.
Decía: pensé en esa satisfacción, y el siguiente pensamiento que apareció fue que, para cualquiera que venga a mi casa, ese baño no tiene nada de particular. Para mi amigo Cristian, que vino hace dos semanas, ese baño sigue igual que siempre. Pero para mí, ha transcurrido un proceso, un logro que solo yo puedo ver y sé: un pequeño gran logro, que existe solo para mi. Y me preguntaba: ¿Cuántas veces nuestros cambios y logros se ven tan normales desde afuera?
Y divagando un poco más, me di cuenta de que funciona al contrario del texto de Freud “Los que fracasan cuando triunfan”: poder sentirse exitoso y triunfador en eso que parece pequeño, y que a veces solo uno puede apreciar.
De la misma forma, quien llegue hoy a mi vida tal vez desconozca el proceso y el profundo cambio que he logrado. Para esa persona, yo soy lo que siempre he sido. Sin embargo, esta loza está reparada y el agua vuelve a correr…
La reflexión de hoy quiere pasear por la idea de no menospreciar los pequeños logros, esos que, a la vista de algunos, pueden ser imperceptibles, insulsos o menores, pero que sin embargo hablan de un cambio mucho mayor y más profundo. Reparaciones de rajaduras que nadie sabe que están ahí.
Tal vez de eso se trate: de lograr que parezca que nunca se tuvo que arreglar nada. De sanar de tal forma que esas fracturas que costaron tanto reparar parezcan no estar ahí. Animarse a verse entero.
Por lo pronto, quiero invitarlos a aplaudirse esos logros que solo ustedes saben que están ahí, a valorarse los pasos dados y a disfrutar de que las cosas se vean “normales”.
Abrazos, vasos y besos...

Comentarios
Publicar un comentario